viernes 23 de octubre de 2009

Evolución Anormal Evoluciona




Estimados anormales y potenciales anormales:

Ha llegado la hora de evolucionar nuestras ideas y movernos hacia nuestra siguiente fase en este proyecto rebelde.

La verdad no tenemos ni la más puta idea de hacia dónde vamos. Sólo sabemos que queremos dejar la huella en nuestro trasero y en las nalgas de la humanidad. También tenemos claro que nos vamos a divertir en puta y que vamos a parir chinos (ninguna evolución sobreviene sin dificultad).

Quisiéramos ir más rápido en el proyecto, pero la verdad hemos tenido que aceptar que somos normales tratando de mantener el equilibrio de la normalidad. Talvez no nos hemos cansado de ser normales y quién sabe qué pondremos por delante de nuestra vida para que superemos las fronteras de nuestras aspiraciones como individuos. Lo cierto es que saber que somos normales ya nos aleja un poco del capullo que egendró nuestra visión del mundo, y ahora queremos poner a prueba por cuánto tiempo podemos vivir con la certeza de que podemos dar más de lo que damos.

Los invitamos a acompañarnos en esta jornada. No somos gurús, ni PHDs, ni millonarios, ni famosos, ni premios nóbeles. Somos normales que aspiran a dejar la huella y que no pretenden engañar a nadie diciendo la receta mágica del cambio.

La verdadera magia está en tener los cojones de mirar a los ojos a la realidad que nos hemos creado.

Despierta con Nosotros en El Despertar de los Normales.

Nadie, Svetlana y Freak.

domingo 27 de septiembre de 2009

La vida no es Disneylandia

Las nuevas generaciones están hartas de que alguien magnífico (aceptémoslo, hay gente magnífica) tenga los cojones para empezar su cruzada. Rompe récords, hace hazañas, cumple sus sueños, su éxito es rotundo...

Estando allí deciden contar al mundo su historia. Nos pintan su mundo ideal lleno de estrellas y colores, nos recitan los pasos mágicos para lograr encarnar el cuento de Hadas, pero no sé porqué no nos cuentan que su camino también fue espinoso, escalofriante y desolado.

La auto-ayuda al estilo Disneylandia está llegando a su fin. Su época está pasando. Su validez alcanza su fecha de vencimiento.

Ha cumplido su función, ha de ser trascendida más no negada. Sus mejores dotes deben de ser reciclados en una nueva versión más auténtica, más realista, menos comercial y más ajustada a una generación que ya ha aprendido de deconstruir la realidad en la que vive inmersa.

No ofrecemos sólo rosas. Tampoco daremos sólo espinas. Ofrecemos el paquete entero, así como Dios nos lo dió: Rosas con espinas.

Bienvenido a Evolución Anormal.

viernes 25 de septiembre de 2009

Piérdete en la oscuridad

¿Cuántas veces se nos ha dicho que para tener éxito necesitamos claridad en nuestros objetivos?

Los que dicen eso tienen razón. Pero olvidaron contarnos algo: Lo que ocurre antes de la claridad es oscuridad.

El caos, la neblina, el vértigo, el velo que ennegrece tu vereda por la vida al fin y al cabo es producto del encandilamiento por tu propio brillo.

No puedes tener dirección si no pareciste perdido antes, aunque sea por sólo un instante los pasos en falso que tomas son garantía de una vida sin aburrimiento.

La única claridad que necesitas es la que viene después de la tenebrosa incertidumbre. Ese manto opaco que permite el contraste deslumbrante de la luz que se aproxima.

Vivir una claridad plena por largos días puede dejarte ciego.

La oscuridad es el mejor maestro para aprender a apreciar la luz.

Piérdete. Y cuando estés desolado sabrás que viniste a descubrir que la lámpara que nunca se apaga yace en tu alma.

martes 22 de septiembre de 2009

¿Cómo te gustan mejor las pedradas en Carta o en Verso?

¿Cuál forma de apedrear cínicamente los pilares de la convencionalidad piensas que sería más apropiada para un libro?

Necesitamos tu filosa opinión para generar más impacto.

Abajo los links donde puedes acceder las dos alternativas en un capítulo señuelo:

1. Carta.
2. Verso.

Gracias,

El fin de la auto-ayuda (En carta)

Hola Svetlana,

Leí tu carta donde me confiesas tu frustración por no caminar por los límites de tu potencial.

La amargura que sientes hace eco con el pesar que yo mismo vivo. La vida de la que soy parte es feliz. Estable, segura, normal. Pero un espíritu demoniaco -¿o habría de decir “celestial”?- ha empezado a visitarme y susurra cosas en mi oído. No sé cómo explicarlo, pero es como si tuviera una responsabilidad que he estado evadiendo por largos años.

Es curioso, luego de que vi tu escrito sentí una motivación gigantesca para ayudarte. De inmediato tomé un papel y te escribí lo siguiente:

Tú tienes un potencial inexplotado. Un gran héroe aguarda en tus adentros esperando vivir la vida de tus sueños. Riquezas, fama, poder, todos están al final del arcoíris de la existencia. Si tan sólo te atreves a prender la vela de tu alma y seguir los deseos de tu corazón, entonces un futuro resplandeciente te aguarda.

A través de los siete pasos hacia la felicidad que voy a enlistar, lograrás acabar con la victimización y el menoscabo que muchas veces invaden tu mente. Tienes que estar segura que con esta receta vas a...

Mi pluma se detuvo cuando la fuerza de mi consciencia descubrió que mi motivación egoísta era tan efímera e insípida como las palabras que escribía. A pesar de que el 100% de la palabrería que acabas de ver es totalmente cierta, es poco probable que te sirva para nada.

Así como a la meditación le ha tomado miles de años infiltrarse en las vidas cotidianas de las masas post-industriales sofisticadas, las prácticas modernas de desarrollo personal sólo serán encarnadas por algunas minorías valientes con casta de fieras.

¡Pero espera! Hay una esperanza para nosotros los normales. Una revolución en la forma en que vemos la transformación del ser humano se cocina en la actualidad. Espinosas verdades crecen en los pantanos de la mediocridad. Una nueva cepa de pioneros está emergiendo de lo ordinario.

Sólo conocer el patrón caprichoso que la evolución ha seguido en los últimos siglos es razón suficiente para utilizar nuestra rebeldía adolescente para remodelar el crecimiento personal que nos aguarda. A las recetas convencionales de la auto-ayuda les han hecho falta un ingrediente clave: La penetrante realidad de que pocos serán escogidos para vivirlas. El sabor agrio de la transformación personal es la verdad que nos han escondido y es la amplia posibilidad de que desperdicies tu potencial en el basurero del confort.

Hay una estadística en tu contra señor y señora Normal y esa honestidad tajante nos da una esperanza para descifrar el túnel de la excelencia: La democratización de la evolución.

No tengo nada contra la auto-ayuda tradicional. Está llena de verdades poderosas, de acciones estratégicas y de buenas intenciones. Pero es demasiado evidente que no incorpora filosas verdades sobre el crecimiento personal y la trascendencia del ser.

El positivismo superficial de la motivación ordinaria debe de ser mezclado con el agridulce tono de las dinámicas de transformación del ser a las que les hemos estado huyendo. La sombra de la humanidad y sus más tenebrosas represiones deben de salir a luz de las mayorías para apretar el acelerador de la evolución colectiva.

No es mentira que siguiendo al pie de la letra los 7 mil pasos y recetas de la felicidad y del éxito que nos ofrece la industria del crecimiento personal, lograrás cambios dramáticos en tu vida. Pero tampoco es mentira que el jacuzzi de tu rutina normal, esa que tanto te costó construir, resultará más reconfortante que cualquier manifiesto pegajoso que algún yuppie escribió por allí. Los simulacros de crecimiento personal en los aposentos seguros de tu vida no te llevarán hacia el peñasco de la trascendencia.

Los millones de millones de dólares en ventas por literatura de auto-ayuda son prueba magnánima de su exitoso fracaso incólume. Las mayorías más sofisticadas han hecho un pacto con la externalidad de los consejos que pueblan los tratados de los libros de crecimiento personal. Es muy cómodo crear una película ficticia en nuestras mentes de que algún día encarnaremos a los súper hábitos formulados por el currículum de gurús de hoy en día. Tremendamente agradable es excitar nuestra adrenalina durante 30 minutos diarios de auto-educación para luego regresar a los sembradíos de normalidad que nos empollaron.

Saber que hay productores de ideas tan sublimes y liberarnos de la responsabilidad de vivirlas es una idea demasiado atractiva para los normales.

Refugiarse en la no ficción para convertirla en una ficción alcahueta de alguien que jamás llegaremos a ser, seguirá siendo el ardid de este pacto implícito entre los mediocres y la auto ayuda.

Convertirnos en intelectualoides del yoga, meditación, visualización y time-management cuáles clérigos que repiten latín en misas ininteligibles, es el último pecado de los ordinarios. Como juglares medievales, nos hemos vuelto expertos en recitar cuentos de superación personal. Entretenemos a nuestros amigos con historias de éxito pero jamás hemos cruzado el espeso pantano que atravesaron quienes las redactaron.

Academizar la auto-ayuda es como enseñar ajedrez a través de libros. Si no juegas, jamás aprenderás.

La alternativa a este acuerdo por el statu quo es la aseveración lapidante de que: en el colador de la evolución, tanto la mayoría de los lectores como de los no lectores de la auto-ayuda, se amontonarán en fosas comunes de frivolidad evolutiva. Nacieron normales, morirán normales.

Hasta que no entendamos la verdadera dinámica holística de la transformación personal, seguiremos leyendo a los Sharmas, a los Coveys, a los Mandinos como si fueran cuentos de hadas donde nosotros jamás seremos el protagonista...

El fin de la auto-ayuda es la aceptación del principio de que es más probable que te quedes donde estés, a que busques avanzar hacia tu próximo yo.

El fin de la auto-ayuda es que no puedas vivir cómodo con esa apestosa verdad y decidas desafiar la estadística.

El fin de la auto-ayuda sobrevendrá cuando aceptes que no podrás adelantarte a tu próxima generación.

Tus hijos y los hijos de tus hijos vivirán lo que tú no te atreviste. Si no puedes tolerar vivir con esa idea que condena tu superación personal, si esa verdad punzante te despierta de tu perezoso letargo, entonces la auto-ayuda ha llegado a su fin.

Pero para que eso llegue a ocurrir, debes abandonar el oasis de ser un normal.

Terminé mi carta, la leí. No sabía si más bien te iba a desmotivar. ¿Preferirás un libro de Dale Carnegie antes que mis pedradas cínicas? ¿Queremos porras o pedradas para acentuar nuestro crecimiento como seres humanos?

Déjame decirte algo. Yo creo que necesitamos ambos. Lee a Dale Carnegie, llénate de motivación, pero también mírate al espejo y lánzale una pedrada a esa parte de ti que ya no sirve para una mierda.

Yo haré lo mismo.

Nadie

El fin de la auto-ayuda (En Verso)

Tú tienes un potencial inexplotado. Un gran héroe aguarda en tus adentros esperando vivir la vida de tus sueños. Riquezas, fama, poder, todos están al final del arcoíris de la existencia. Si tan sólo te atreves a prender la vela de tu alma y seguir los deseos de tu corazón, entonces un futuro resplandeciente te aguarda.
A través de los siete pasos hacia la felicidad que voy a enlistar, lograrás acabar con la victimización y el menoscabo que muchas veces invaden tu mente. Tienes que estar seguro que con esta receta vas a...


Francamente no sé como llegaste a leer esta basura hasta este punto. A pesar de que el 100% de la palabrería que acabas de ver es totalmente cierta, es poco probable que te sirva para nada.

La motivación personal es una red gigantesca con celdas demasiado grandes que sólo atrapan unas pocas ballenas listas para la transformación. El resto de peces escapan fácilmente a los efímeros intentos de estas redes y vuelven a sumergirse en el mar de “ordinariedad” de la vida.

No tenemos nada contra la auto-ayuda tradicional. Está llena de verdades poderosas y de buenas intenciones. Pero es demasiado evidente que no incorpora filosas verdades sobre el crecimiento personal y la trascendencia del ser.

El positivismo superficial de la motivación ordinaria debe de ser mezclado con el agridulce tono de las dinámicas de transformación del ser a las que les hemos estado huyendo. La sombra de la humanidad y sus más tenebrosas represiones deben de salir a luz de las mayorías para apretar el acelerador de la evolución colectiva.

Es cierto, tú tienes un gran potencial en tu interior y todas esas… cosas, pero no vas a mover ni un sólo dedo de tu confortable existencia hasta que te dé la gana cortar el cordón umbilical de los condicionamientos sociales que te criaron hasta ahora. O bien, si algo inesperado viene de afuera a cortarlo por ti...

No es mentira que siguiendo al pie de la letra los 7 mil pasos y recetas de la felicidad y del éxito que nos ofrece la industria del crecimiento personal, lograrás cambios dramáticos en tu vida. Pero tampoco es mentira que el jacuzzi de tu rutina normal, esa que tanto te costó construir, resultará más reconfortante que cualquier manifiesto pegajoso que algún yuppie escribió por allí.

Los millones de millones de dólares en ventas por literatura de auto-ayuda son prueba magnánima de su exitoso fracaso incólume. Las mayorías más sofisticadas han hecho un pacto con la externalidad de los consejos que pueblan los tratados de los libros de crecimiento personal.

Es muy cómodo crear una película ficticia en nuestras mentes de que algún día encarnaremos a los súper hábitos formulados por el currículum de gurús de hoy en día. Tremendamente agradable es excitar nuestra adrenalina durante 30 minutos diarios de auto-educación para luego regresar a los sembradíos de normalidad que nos empollaron.
Saber que hay productores de ideas tan sublimes y liberarnos de la responsabilidad de vivirlas es una idea demasiado atractiva para los normales. Refugiarse en la no ficción para convertirla en una ficción alcahueta de alguien que jamás llegaremos a ser, seguirá siendo el ardid de este pacto implícito entre los mediocres y la auto ayuda.

Convertirnos en intelectualoides de la auto-ayuda cuáles clérigos que repiten latín en misas ininteligibles, es el último pecado de los ordinarios. Como juglares medievales, se han vuelto expertos en recitar cuentos de superación personal. Entretienen a sus amigos con sus historias de éxito pero jamás cruzarán el espeso pantano que atravesaron quienes las redactaron.

Academizar la auto-ayuda es como enseñar ajedrez a través de libros. Si no juegas, jamás aprenderás.

La alternativa a este acuerdo por el statu quo es la aseveración lapidante de que: en el colador de la evolución, tanto la mayoría de los lectores como de los no lectores de la auto-ayuda, se amontonarán en fosas comunes de frivolidad evolutiva. Nacieron normales, morirán normales. Hasta que no entendamos la verdadera dinámica holística de la transformación personal, seguiremos leyendo a los Sharmas, a los Coveys, a los Mandinos como si fueran cuentos de hadas donde nosotros jamás seremos el protagonista...

El fin de la auto-ayuda es la aceptación del principio de que es más probable que te quedes donde estés, a que busques avanzar hacia tu próximo yo.

El fin de la auto-ayuda es que no puedas vivir cómodo con esa apestosa verdad y decidas desafiar la estadística.

El fin de la auto-ayuda sobrevendrá cuando aceptes que no podrás adelantarte a tu próxima generación.

Tus hijos y los hijos de tus hijos vivirán lo que tú no te atreviste. Si no puedes tolerar vivir con esa idea que condena tu superación personal.

Si esa verdad punzante te despierta de tu perezoso letargo, entonces la auto-ayuda ha llegado a su fin.

Pero para que eso llegue a ocurrir, debes abandonar el oasis de ser un normal.

sábado 19 de septiembre de 2009

El carcelero, el prisionero y el héroe

Hoy escuché de Deepak Chopra que todos nosotros potencialmente somos el carcelero, el prisionero y el héroe en nuestras vidas.

Si vivimos en una cárcel es porque nosotros la construimos, nos arrestamos a nosotros mismos y porque tenemos el potencial de rescatarnos.

¿Morirás prisionero en manos de tí mismo como carcelero?

viernes 18 de septiembre de 2009

Quo Vadis

Como ser humano puedes nadar en tres oceanos.

El oceano de la igualdad. Donde te esfuerzas con ahínco para ser, hacer y tener lo que los demás tienen. El "otro" te absorbe.

El oceano de la diferenciación. Diriges el timón de tu vida hacia la diferenciación. Quieres ser diferente a los demás y te sumerges en el "hacer" para lograrlo.

El oceano de la introspección. Exploras los misterios de la vida recorriendo los laberintos de tu interior. Te dejas llevar por un propósito más grande que tu persona.

En cada uno de estos oceanos puedes estar feliz o puedes estar atrapado. Los que están en igualdad siempre dicen estar en diferenciación, los que están en diferenciación aseguran matarse trabajando por un propósito introspectivo y muchos ni tienen idea de dónde están parados.

Contrario a lo que muchos piensan, la premisa no es "escalar" de un oceano a otro y trepar una jerarquía más. Más importante que eso es despertar al proceso de evolución del cual somos parte y entender que cada etapa tiene su vida, que debemos consumirla haciendo lo mejor que podamos. Ubicarnos en el mapa y entender en cual oceano nada nuestra alma y recorrer con atención e intención la vereda es una meta-actitud que amerita el título de anormal para cualquiera que la adopte. No importa en cuál oceano flote tu corazón.

Algunos gastan toda su vida siguiendo la receta de la igualdad, otros se estancan en la diferenciación hasta que su cuerpo lo permite, y algunos pocos emergen en propósito.

Lo que sí es raro es que alguien distinga donde está y a dónde se dirige.

¿Qué hay de tí?

martes 15 de septiembre de 2009

La bola de cristal rota

Nos llenamos la cabeza de auto-ayuda buscando la respuesta milagrosa para convertir nuestra vida en el sueño que nunca llegará. Pero la verdad es que lo que estás buscando es una terapia de una hora, una palmadita en la espalda que te dé suficiente gasolina para volver a la anemia taciturna que cada día añade una venda más a tu potencial cadavérico embalsamado.


El problema no es la auto-ayuda, el problema no eres tú. El problema son ambos. La mayoría de la auto ayuda resulta ser un porrista de bolsillo, y la mayoría de los lectores de auto-ayuda son normacólicos anónimos construyendo la vida de sus sueños en sus cabezas. 15 minutos después de leer están babeando y volviendo al glamour de sus vidas mediocráticas (ser buenos en todo pero excepcionalmente élites en nada y comparándose contra estándares inferiores).

La verdadera evolución es un acto de valentía trans-racional que supera cualquier prosa escrita. La evolución es abrir la puerta y dejar que haga su trabajo, no es hacer nada. Sigue acumulando palabras en tu cabezota, está bien, eso es un hobbie edificante, pero descubre que el paso que hará la diferencia es dejar que ese algo que está queriendo explotar en tu vida finalmente explote.

Como ser humano civilizado, eres totalmente vulnerable y propenso a quedarte estancado en la racionalización de tu proyecto de descubrir tu propio misterio. Los autores de auto-ayuda tradicional conspiran contigo en este malévolo plan para dejar la trascendencia al alcance de unos pocos. Sus tratados son ensayos de ficción pues generalmente narran una realidad que jamás verás frente a tus ojos...

Muchas veces la auto-ayuda esconde, con ayuda de tus miedos, una verdad entrañablemente aterradora: La forma en que tu transformación se revela a tí, nunca es lo que esperas.

Cualquier guía externa que encuentres en tu vida te puede empujar al abismo, lo que encuentres allá abajo llevará tu apellido por siempre.

Fijaciones mesiánicas

¿Estaremos obsesionados con lo normal?

Ayer leí unos artículos sobre psicología Freudiana. Me llamó poderosamente la atención el significado del término "fijación":

"Comportamiento psicosexual inmaduro. Obsesión por el placer que brinda una persona u objeto. Se forma durante la niñez y deviene en comportamiento neurótico durante la adultez."

Cuando pensaba en fijaciones me imaginaba mujeres obsesionadas con el chocolate, costumbres sexuales torcidas o a Linus Van Pelt con su frasada y su dedo gordo. Naturalmente había hiperbolizado el concepto de fijación para sacarlo de los corrales de mi vida. ¿Pero qué tal si el último tercio de mi existencia era una suerte de fijación leve? Hasta la propia concepción de mi ser podía ser una fotografía poniéndose amarilla en el ático de mi consciencia. !Horror!

Reconocimiento externo, confort, seguridad, protección de mi personalidad. Todos ellos eran magníficos. Más la idea de que experimentaba un principio de apego enfermizo hacia esas sensaciones tensaba los músculos de mi cara.

Todos tenemos fijaciones individuales, pero la fijación por lo normal era síntoma social. Darle un alto a la evolución para experimentar una y otra vez el mismo placer. Para mí, la degeneración más fúnebre de este estado era cuando cruzas el umbral de placer y sólo sientes desolación, amargura y frustración. Es como consumir crack sabiendo que estás cocinando tu cerebro en busca de una sensación que hace mucho ya dejaste de sentir.

Es simple, esta fijación por lo ordinario paraba en seco el flujo de la evolución.

Desesperada busqué en internet más información sobre cómo sanar las fijaciones de acuerdo a Freud, talvez sus esclarecimientos aplican para esta nueva variedad del virus.

No encontré mucho. Según él, el paso clave era llevar el origen de las fijaciones del inconsciente al consciente para así producir una catarsis y entonces actuar con conocimiento de causa.

¿Bingo? Me parece que yo estaba plenamente consciente de esta basura, ¿ahora qué? ¿visito un maldito psicoanalista para decirle que mi apego al trabajo, alimentar al gato y leer a Robin Sharma estaban obstaculizando mi verdadero potencial?

No lo creo. Me tomó mucho tiempo de reflexión y meditación darme cuenta que la fijación estaba en mi cabeza, no en lo que yo hacía. Si miraba los componentes más triviales de mi exitosa rutina de forma diferente, eventualmente esos componentes deberían de cambiar, pero primero debía mudar el color de los lentes de mi consciencia.

Ningún mesías freudiano iba a llegar a salvarme de mi fijación. Yo era el mesías.

sábado 12 de septiembre de 2009

No todos asisten a la convocatoria

El problema de nosotros es que somos adictos al caos proveniente de fuerzas ajenas a nuestra voluntad. No hemos despertado esa fiera interna capaz de convertirse en la fuente misma del caos en nuestra vida.

Para existir se nos dió un set de reglas. Hemos cumplido esas reglas y hemos tenido éxito cumpliéndolas. ¿Porqué cambiar? Presas de nuestros propios logros hemos sido elegidos por el destino para liderar la vanguardia de la evolución humana. Más Cristo mismo fue claro al denotar que "muchos son los llamados, pocos los escogidos."

¿Somos tú y yo sólo llamados? ¿Anhelando morder el anzuelo de la evolución vertical pero demasiado aferrados a las redes de lo ordinario? ¿Somos vitrinas para los escogidos de porqué ellos han hecho la elección adecuada mientras nosotros sucumbimos en las arenas movedizas de nuestras dependencias?

Nuestro propio éxito ha desenterrado una bestia hambrienta de significado, pero al mismo tiempo nos tiene adictos a sus pequeños bombones sonmolentes...

La vida ha sido demasiado bondadosa con nosotros Svetlana. Los chilillazos que nos ha dado no han sido tan profundos como para desmoronar las creencias que nos absorben. Cada éxito que tenemos, cada palmadita en la espalda que el otro nos propina se convierten en razones adicionales para seguir dando vueltas en esta cama de agua, pero al mismo tiempo una vocecilla interna nos dice: Puedes dar más.

Dejar ir...Cualquier rastro de caos nos recuerda la muerte, por eso nuestras manos transmutan en tentáculos que succionan poderosamente lo conocido.

Si eres normal y el sabor de lo convencional te sabe amargo. Eres llamada pero no escogida.

Talvez el salto cualitativo empiece por aceptar esa realidad.

Nadie

miércoles 9 de septiembre de 2009

La segunda parte de tí

Irme de casa significa hacerme responsable de en quién me quiero convertir y no delegar esa responsabilidad en una fuerza externa.

¿En quién se supone que me debo convertir cuando supuestamente ya alcanzaste todo lo que una persona normal quiere alcanzar?

La auto-ayuda me confunde. Fama, fortuna, desempeños que para mí parecen sobrehumanos. ¿Qué queda? Lo único que queda es expandir el significado y engrandecer el propósito. ¿Porqué diantres estoy aquí? Sólo por mis seres queridos y para ser "feliz" y retirarme "saludable" ya no son respuestas que me satisfacen. Pero tampoco me mata ser famosa, millonaria o extremadamente poderosa.

¿En quién me quiero convertir? Esta lucha existencial es confusa. Resulta demasiado tentador replegarme a mi charco. Donde soy buena, donde seré buena hasta que la frustración lave toda mi voluntad. Sé que puedo dar más pero un mar de dudas corrompen la tinta que puede inmortalizar mi huella digital en este mundo material...

Mi gran problema es que no quiero dejar en quien me he convertido para convertirme en quien quiero convertirme.

Ya sé que suena como trabalenguas, pero para mí es la simple y llana realidad.

Para cualquier ser humano, su próximo salto qualitativo implica dejar algo.

Mi maestro tenía razón. Sabiduría es agonizar continuamente. Sepultar una parte de nosotros y sembrar árboles sobre esa tumba.

¿Qué tengo que dejar?

martes 8 de septiembre de 2009

Me voy de casa

"Tú no brillas en la exquisitez de tus talentos dorados sólo porque eres un adolescente atrapado en cuerpo de adulto."

La carta que escribiste sobre las escaleras me motivó a visitar un místico egipcio que me recomendó el botones del Hotel en Luxor. Esa frase que te puse arriba fue el inicio de su metralla contra mi ego.

El místico, según dicen, era un clarividente que te hacía meter las manos en agua, te miraba a tus ojos y te decía las verdades más ocultas y más temibles de tu alma.

Cuando yo le pregunté: "¿Porqué me cuesta tanto transformarme en quien quiero transformarme?" esto fue lo que respondió:

!Tu no brillas en la exquisitez de tus talentos dorados sólo porque eres un adolescente atrapado en cuerpo de adulto!

Debatiéndote entre la rebeldía precoz y la dependencia a los caprichos de tu madrastra sociedad, terminas castigado en el cuarto de tu victimización haciendo lo que los demás quieren.

Eres un marsupial cultural que ansía pegar saltos magnánimos en su vida. Más sin embargo, jamás saldrías de la bolsa que concibió tu forma de ver el mundo.

Si vas a soñar con hacer la diferencia y hundir la bota de tus talentos en la arena de este planeta, por lo menos ten la decencia de aceptar que prefieres vaciar tus energías en placeres efímeros u ocultarte en oscuras cavernas por falta de coraje.

Quieres salir a jugar con tu ego de teenager en las calles de la vida, pero ten presente que debes volver a la hora que el acervo colectivo te lo pide.

Como jovenzuelo psico-social en cuerpo de adulto jamás estarías dispuesto a aceptar que esa milla extra requiere que seas responsable de tu propia vida. No puedes cobijarte en valores o sistemas de pensamiento convencionales, la creatividad anormal no es de chiquillos. Sólo los temerarios salen del capullo y van a vivir esta ilusión con agallas.

Los adolescentes viven con miedo y con cólera. Miedo de migrar hacia una vida en su propio poder, y con cólera por no tener aún la madurez para hacerlo.

Cada vez que te encuentres en el dilema del qué dirán y decidas retroceder, eres un púbero mental con pelos en el pecho....O con senos grandotes.

Déjate de dilemas. Si no puedes cruzar el umbral de la post-convencionalidad, sigue revolcándote en el charco de barro que tu madre sociedad te dejará aletear, pero jamás despegar.

Madura ya!

Negación es la reacción de cualquier ser humano inmaduro como yo. Vivir mi adolescencia plenamente y continuar usando la misma pluma de siempre con la que escribía mi vida, tenía su lado confortable. Pero ya quería independizarme, ya quería salir de casa para no volver a vivir allí. Sólo de visita.

El místico egipcio me trató muy mal, pero ciertamente me dijo que no había punto intermedio. O eres adolescente o eres adulto. Adolescente era preferir la seguridad de las creencias conocidas. Adulto era aventurarme en el precipicio de la innovación puntiaguda.

Revolcarme en el charco ya no me agrada. Sólo es un vicio. No quiero aletear, quiero volar.

¿Vienes conmigo?

Nadie

domingo 6 de septiembre de 2009

Las verdaderas escaleras no tienen fin

Has dado en el clavo. Ser normal es estar atrapado en el statu quo de los demás (social) o en el statu quo de uno mismo (individual). Bien puede ser de ambos.

Recién leí sobre un CEO de una Fortune 500. Un tipo genial con estándares de desempeño excepcionales. Había escalado la grada corporativa desde muy joven. Socialmente hablando, era excelentemente anormal. Llegaba a la oficina a las 6:30 am y salía a las 9:30 pm, era un conferencista y motivador fabuloso y también practicaba triatlón. Este atleta corporativo rebasó cualquier obstáculo del statu quo de su entorno. Nadie en la compañía hacía lo que él hacía y sus resultados se demostraron con creces.

¿Qué pasaba en la cabeza de este CEO anormal? Su súbita y sorpresiva renuncia hasta afectó el valor de las acciones en la bolsa. En su discurso de despedida dijo:

"He logrado todo lo que mis padres, mis mentores, mis colegas y accionistas han querido que logre. Hasta he satisfecho los deseos de una parte de mí, esa parte que quiere diferenciarse de los demás y escalar en cualquier jerarquía en la que la vida nos ponga. Sin embargo, mi jornada por la excelencia me ha llevado a un trecho que jamás preví. El trecho de mis adentros. En las profundidades de mi ser, esos rincones a los que sólo llegas cuando caminas por el borde del peñasco del desempeño, descubrí que la rutina fehaciente que me dió el éxito ya no me satisfacía. Externamente, cada día en mi trabajo es distinto, una jungla con un reto diferente al que adaptarse. Un terreno en el que jamás nadie puede aburrirse. Yo no estoy aburrido de mi trabajo, pero la acción intensa que me proporciona ya no hace que mis ojos brillen. He decidido continuar la exploración de mis adentros y contribuir a este mundo de otra forma."

Casi lloro. Qué valentía, que hidalguía para ser honesto con uno mismo, qué forma de desahuciar al éxito social. Un verdadero desafío a la anormalidad colectiva. Este CEO era socialmente anormal, pero él quería superarse a sí mismo.

Según leí, se tomará un sabático para definir sus siguientes pasos en la vida.

Mi admiración hacia él era peligrosa. Tirar la revista y volver a mi statu quo social de nuevo, era demasiado tentador. Cambiar de paradigma tan heróicamente no es un privilegio exclusivo de altos ejecutivos.

Yo no soy una CEO de una Fortune 500. Tan sólo una abogada exitosa de una firma estadounidense. Pero ciertamente mi umbral de éxito social lo sentía que lo había alcanzado. Cada quien tiene su propio ritmo y aspiración. El mío se estaba agotando. 15 años de carrera y esa fuerza extraña de la que tú hablas estaba tocando a mi puerta. No sé lo que significa, no sé lo que voy a hacer, ni idea de adónde voy. Pero al menos la reconozco y estoy dispuesta a mirarla a los ojos.

A todos los que están allá afuera. Normales, anormales, excluídos, élites. No importa si eres un CEO, una abogada, un astronauta, ama de casa, caricaturista, escritor, medallista olímpico, pintora, barrendero, empleada doméstica, presidente, millonaria, pobre, escultora, sexólogo, vagabunda, vendedor de software. No importa en qué parte de la pirámide estés. Ese piquete de una forma u otra nos llega a todos. Esos vientos de cambio vertical qué te dicen que llegó la hora de mejorar lo que la mayoría hace, o bien mejorar lo que tú haces acechan en los rincones de este universo que sólo va hacia adelante lo queramos o no.

No importa que tan exitoso seas, la escalera de la evolución siempre estará allí. Algunos tendrán la suerte (o la desdicha?) de no descubrir sus peldaños ulteriores, otros serán empujados hacia ella por las mareas de la trascendencia, más la elección de subirlas siempre radicará en nuestro corazón.

La anormalidad y la normalidad son perspectivas únicas para cada quien. Si fueran estándares limitados únicamente al acervo social más de uno tendría la excusa para evadirlos, pero no importa qué tan fracasados o geniales seamos, siempre habrá un peldaño más arriba.

¿Qué decido? Decido no ignorar esa fuerza extraña. No sé adónde me lleva, pero seguiré escuchándola.

Svetlana

sábado 5 de septiembre de 2009

El llamado

Hermosa reflexión Svetlana.

Ser normal o anormal puede ser algo que valoras desde un punto de vista social. Cómo te comparas con los demas. Y desde un punto de vista interno: La batalla endógena por superarte a tí mismo.

Ser mejor que los demás y ser mejor que uno mismo son los caminos entrecruzados que topamos cuando hemos logrado ser igual a los demás.

En Chicago ser igual a los estándares de los demás es una sensación tramposa. Pues para ser igual tienes que optar por un nivel de vida cuya manutención te puede costar décadas de negación represiva.

En Sierra Leona tus estándares de vida son superiores, económica y profesionalmente hablando. Tus estructuras de pensamiento son más complejas. Te sientes anormal, pero tu centro de gravedad, tus raíces están en Chicago. Chicago está dentro de tí y lo llevarás contigo a todos los continentes. Allí eres una profesional normal y para serlo, tienes que trabajar 13 horas diarias, vivir la mitad del mes en un avión, y ser "altamente efectiva."

Alguna fuerza extraña: El destino, Dios, El universo, Buddha, la hermenéutica, la genética, los campos energéticos, el azar, lo que tú putas quieras. Alguna fuerza te escogió para que en tu consciencia empezara a germinar la semilla de la insatisfacción con el statu quo. Otros nacieron para quemar la pólvora de su vida en el confort. Tú no.

Eres una abogada de clase mundial pero compararte con los demás ya no te excita.

No quieres ser CEO de tu compañía. Ese camino hacia ser mejor sabes donde termina. No quieres gastar el resto de tu vida en una causa por la que no entregarías tu corazón.

Para salir del statu quo no te puedes comparar con los mejores abogados de Wall Street, has de compararte contigo misma.

Tú no quieres ser la mejor abogada del mundo, tú quieres ser la mejor tú y para ser la mejor tú debes confrontarte, mirar a los ojos a tu sombra, encarar tus miedos y visitar la cueva de murciélagos que te aterró en tu infancia. Eso es salir del statu quo.

¿Se eriza tu piel ante tal juicio? No te preocupes, puedes canalizar tus ansias evolutivas siendo la mejor que los demás bajo el mismo paradigma comparativo y competitivo. O bien puedes ser una abogada normal en Chicago hasta tu retiro profesional.

Avísame qué decides.

Nadie

Ser normal es un paraíso hasta que algún tipo de fuerza extraña

jueves 3 de septiembre de 2009

Guía para desperdiciar tu vida

  1. Olvida por completo que algún día morirás.
  2. Despilfarra tus talentos dándoles pequeñas limosnas de tiempo.
  3. Evita a las personas que te presionan para que mejores.
  4. Compárate con estándares de desempeño inferiores al tuyo.
  5. Deja que tu orgullo te haga sentir consistentemente superior.
  6. Deja que tus miedos consuman la llama de tu pasión por vivir.
  7. Apégate a la idea de que tú eres una víctima del mundo.
  8. Valora más la seguridad de la monotonía antes que la incertidumbre de lo novedoso.
  9. Nunca ames profundamente a más personas que dedos de tus manos.
  10. Por ninguna razón mires a los ojos a los aspectos oscuros de tu ser.
  11. Derrama pocas lágrimas.
  12. Ten una enemistad perenne con el silencio y con la soledad.

martes 1 de septiembre de 2009

Hijos

"Si no tienes los cojones para vivir despiadadamente, asegúrate de que tus hijos atestigüen tu frustración. Así ellos no seguirán tus pasos."

lunes 31 de agosto de 2009

La última técnica

Crecimiento personal. Auto-Ayuda, psicología, evolución, religión. Trabajo, éxito, dinero. Fama, popularidad, sexo, paz interior. Están por doquier en estos días. ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué es lo que estamos buscando? ¿para qué vinimos a este mundo? ¿porqué miramos el jardín al pensar en éxito cuando tenemos todo un horizonte por delante?

Esta era del conocimiento me tiene un poco mareado. Meditación, visualización, terapia, coaching, contemplación, ejercicio, hipnosis, reiki, tarot, astrología, auto-cuestionamiento, danza, yoga, Ley de la atracción, transmutación, kineseología, vision-quest, shamanismo, psico-drama, role-playing, escribir en un diario, afirmaciones, análisis de sueños, doctorados, y un sin fin más de tácticas.

El mundo ha producido más de lo que mi alma puede asimilar. ¿Donde está el secreto de la transformación? ¿Cómo convierto esta masa de carne en un "ser de luz"? ¿Cómo aplico la alquimia emocional transformando el plomo de mis dudas en el oro de mis regalos? Tener voluntad y compromiso no sirve, ir a una charla de un gurú sonriente menos. Hay un eslabón perdido en medio de esta avalancha de conocimiento.

Mi piel se erizó, los músculos de mi rostro se pusieron más rígidos. Mi naturaleza budhaica susurró algo a mis oídos. Era una respuesta:

Unos pocos evolucionarán, el resto depositará sus ansias de crecimiento en una sarta de técnicas inmortalizadas en tinta.

Quise llorar, quise tener cólera, quiser tomar una resolución para cambiar por milésima vez.

Respiré profundo. Cabizbajo cerré mis puños, mis ojos se humedecieron y exhalé una reflexión:

Todas esas técnicas se pueden reducir a una sóla.

Aprieta tus dientes, levántate y lleva a cabo eso a lo que le temes.

"Suena fácil" es el estribillo que los normales usamos como respuesta a esta gillotina intelectual. Por eso pocos evolucionan.

¿Nos quedaremos tu y yo cavilando estrategias para planear el cambio, postergando eternamente la sed divina de crecer?

Es probable que sí, por eso mismo necesitamos consumirnos en técnicas de crecimiento, para olvidar nuestros peores miedos.

Al fin y al cabo, tu peor miedo es quedarte sin miedos.

domingo 30 de agosto de 2009

El onceavo mandamiento

Ayer regresé de Sierra Leona. Allá soy totalmente anormal. Una abogada corporativa que gana 6 cifras al año, un auto bonito, apartamento con una pesada hipoteca, varios títulos y un gato.

En medio de esta gente tan pobre me siento particularmente extraña. Una mezcla entre culpa, superioridad y envidia. Algo así como una sopa que lleva algo de suerte combinada con el pesar de presenciar tal injusticia, y un poco de melancolía al ver como la simpleza de la escacez viene con una felicidad inocente. Todo esto lo veía a la luz de mi egoísmo impotente.


En Sierra Leona soy una "afortunada" forastera cuyo civismo brilla entre una multitud victimizada por el desorden global. Tomo un avión y 72 horas después soy sólo otra más. Una ciudadana del mundo capitalista que salió de su normalidad juvenil para cumplir las demandas de la economía moderna.

Como el conocimiento me ha dado lo que tengo, me gusta acumular más. Así fue como empecé a leer libros de grandes mentes que me estrellan contra la pared con su dolorosa acusación: Puedes dar más!!


Cuando voy a Sierra Leona me siento Anormal, en Chicago me veo normal, pero cuando leo esos libros me siento miserable. Inspirada pero miserable.

¿Porqué?

Estoy atrapada en mi statu quo. El síntoma incólume de la normalidad.

Mis inyecciones de Sierra Leona y mi repertorio de pequeños placeres efímeros alargan mi estadía en el valle del potencial inexplotado.

Hay algo que debo poder hacer. Alguna solución habrá para acabar con este hechizo. En medio de mi vaivén entre anormalidad y normalidad hay un espacio para innovar en mi vida. Aunque sea por un pequeño momento, por lo menos a punta de empujones entre una aglomeración de convencionalismos, al menos por medio de pequeños párrafos protesta, un sólo pensamiento, una sóla palabra, tan sólo una imagen que se salga del dominó de la rutina ordinaria, sólo será suficiente para cumplir la tarea de este día: Rendir tributo a mi potencial por evolucionar.

Svetlana

sábado 29 de agosto de 2009

Tú eres tu rutina

Un normal puede ser alguien arapado en los laberintos de lo que los demás quieren. Un alma encerrada en las vanaglorias de un ego que se desgasta a sí mismo en un oceano de deseos, o alguien erosionado por la rebeldía contra los convencionlismos del entorno.

Lo normal es algo relativo. Más pareciera que hay un común denominador en la ordinariedad abrazante: Estar atrapado en el statu quo.

Puedes ser un prominente CEO, un galardonado actor, imbatible deportista, hasta el fracasado más patético que te imagines. Todos podrían estar atrapados en lo que para su propia existencia, se ha vuelto ordinario.

Lo ordinario nos acecha con su rutina incisiva como un perenne recordatorio que la innovación es el único peñazco que conduce hacia una vida más satisfactoria. Pocos se lanzan.

La rutina en sí, puede ser una garantía de supervivencia física. Un seguro de vida a nuestro temeroso ego que en su afán por permanecer, construyó un útero imaginario del que no quiere volver a salir.

Malas noticias: Los que evolucionan nacen de nuevo.

Este cordón umbilical que alimenta nuestras representaciones existenciales, es a su vez garante de protección y verdugo de nuestra alma. Los bebés tienen la suerte de nacer y jamás volver al vientre de su madre. Quiéranlo o no.

Más hay de aquellos que vieron la luz de su sala de parto y regresan a su pequeño abismo.

Saber que puedes nacer y no hacerlo es una tortura digna del holocausto. Los que no llegan a descubrir este penoso infierno, más vale que empiezen a rezar por nunca dar con él. Porque simple y sencillamente no hay santo, no hay héroe, leyenda, campeón, famoso, nadie, absolutamente nadie que no tenga espacio para la anormalidad en su vida.

Esta picante verdad amenaza con carcomer nuestra supuesta harmonía y se manifiesta en nuestra mente como la voz del cambio trascendente. Lucha con lo que puede contra la voz de la resistencia cuyas estrategias obedientes a la dinámica racista de la evolución por lo general salen triunfantes.

¿Qué haremos? Nosotros parte de la generación decadente presa del statu quo que patrocina por doquier el aglutinamiento de ordinariedades?

Del otro lado del río, los anormales nos dicen que venzamos la rutina. Más sus raíces son profundas. Sólo en medio de esta carnicería evolucionista podemos, los normales, ser abanderados de nuestras ineficacias y tomar las armas en nuestras manos.

No pelees contra la rutina. Conviértela en tu aliada.

Porque todo lo que tienes es tu rutina. Eso eres, un manojo de hábitos que comandan tu voluntad. Sólo tienes este momento, cuando lavas tus dientes, cuando manejas hacia tu trabajo de 20 años, cuando limpias las botas de siempre, hacer los impuestos que has estado haciendo por décadas, miras la pantalla que ha deteriorado tu vista por largos días, lees una y otra vez esos libros que te motivan efímeramente, restriegas jabón por tu cuerpo, te pones las pijama, cenas, dices tu oración, vives tu normalidad.

Cada uno de esos momentos puede ser tu aliado. Ser normal es estar atrapado, pero en medio de ese enciero, cada hábito resguarda la llave para la libertad. Cada patético componente de tu rutina digna de un ordinario como tu, cada pedazo de tiempo representa la oportunidad para hacerlo diferente.

Todo lo que tienes es tu rutina. No puedes tirarla al basurero y salir en los récord guinness de un día para otro.

Lo que sí puedes hacer es usarla como trampolín. Cuando estés en el aire rompiendo el viento con el impulso de tu trascendencia, mirarás hacia abajo, y verás que la rutina no era el problema.

Eras tú.

sábado 22 de agosto de 2009

Porqué deberías ser un mimo a medio tiempo

Nad me gustaron tus observaciones sobre la pasarela. Es curioso, a veces nos juzgan por querer exhibirnos. El exhibicionismo tiene un matiz negativo ¿no crees? Se percibe como una señal de debilidad, como una ansia de aceptación que deja que nuestra vulnerabilidad por ser admirados se escape.

No lo podemos evadir. Los normales dejan salir sus ansias de exhibirse a medias, y en esa tentativa timidona y enclenque es que nos convertimos en mediócratas avaros de nuestro propio deseo de exhibición

La historia es otra. Los normales tienen una relación enfermiza de amor y odio con el exhibicionismo. Por un lado, es un aniquilador del statu quo. Alguien que se atreve a mostar un poco de su único talento o a llevar la milla extra sin permiso previo de la multitud está gritando a cielo abierto: Los normales podemos más.

Los reality shows son muestras exageradas de exhibicionismo que cuentan con la bendición del populacho, simplemente porque ayudan a los ordinarios a desahogar sus deseos reprimidos de lucirse, pues no tienen cojones para revelarse contra la ley de no exhibirse o de exhibirse a medias.

El exhibicionismo exagerado se manifiesta patológicamente precisamente porque lleva guardado demasiado tiempo en el sótano del ego. Dándole limosnas a tus deseos de lucirte sólo produce resultados normales. Salados.

Los anormmales deben alimentar su deseo solemne de elegir la pasarella en la que desean mostrarse. La timidez de desnudar los regalos que la vida nos dió es una desfachatez para con Dios. N o puedes evadirlo, viniste aquí a lucirte, contigo, con los demás, con Dios, con algo o alguien. Si no te luces plenamente tu alma está apagada, muerta, opaca, en continuo estado de putrefacción.

Le temes a la compulsión obsesiva de exhibirte precisamente porque llevas un buen rato aguantándote las ganas. Dejas salir al niño muy poco, y cuando sale, termina haciendo un berrinche.

Para ser anormal hay que hacer las paces con el exhicisionismo. Subirse a la tarima y hacer el ridículo, aunque sea con uno mismo, pero hacerlo. Desde luego,, los ordinarios siempre pensarán que proteger su aburrido y marchito ego es más importante que resbalarse en el camino hacia la super nova que llevas apagando a diario.

Ayer volé a Praga y en la Plaza principal había un mimo haciendo un show público. ¿Era el mimo un exhibicionista? ¿Será feliz haciendo lo que hace? ¿porqué los mimos usan maquillaje? ¿serán manifestaciones clandestinas del exhibicionista interno que todos guardamos?

Mi encuentro con el mimo me ayudó a esgrimir una solución para dejar que mi payaso interno fluya.

Cada quien debe sacar su próximo yo, su anormal guardado, su exhibicionista disecado, en un entorno seguro, maquillado por el anonimato, resguardado en medio de lo desconocido, protegido de los juicios de aquellos que te comen con la envidia de saber que te exitas al mostrar un talento mientras que ellos son frígidos perennes de su potencial.

En un sentido figurado, todos deberíamos ser mimos a medio tiempo. Que vivan los mimos.

Svetlana

martes 18 de agosto de 2009

Lo sexy es para unos pocos

Aceptar que eres normal es un gran mérito. Pero aceptar que puedes ser mejor que normal te rompe el corazón.

Cada quien tiene su dieta para adelgazar sus pasiones. Ejercicio, vida social, licor, workaholismo, drogas, hijos, prestigio, reconocimiento personal, acumulación de bienes. Así es como le ponemos un parche a la herida que le hacemos a nuestra alma cuando saboteamos conscientemente su potencial evolutivo. ¿Qué es potencial evolutivo? Saber que podemos dar más. Lo que puedes concebir, en eso te debes convertir. No hay salida.

¿Porqué cuesta tanto? ¿Porqué la autoayuda tradicional nos esconde los tragos amargos? Porqué nos venden la excelencia como algo tan alcanzable cuando nuestras manos sangran al escalar la montaña?

Jamás creí que el sexo tuviera tanto que ver con la respuesta a estas inquietudes.

La singularidad es simplemente sexy. Nos enamoramos de lo poco usual. Las hormonas se excitan en presencia de lo particular. El universo entero anhela copular con lo seductoramente escaso.

Ser anormal es difícil porque si fuera fácil no tendría gracia. No seríamos codiciados por el universo y sus mini-réplicas conscientes (aka seres humanos) no atraeríamos almas ansiosas de contagiarse con el perfume embriagante del eros.

Lo normal nos rodea y nos sofoca con su multitud de monotonías con el único propósito de aburrir a aquellos cuyo olfato evolutivo se deja magnetizar por el irresistible impulso creativo.

El precio es alto.

Las bondades de la diferenciación pasan su factura para hacer nuestros logros exóticos trofeos en un mar de simetrías congeladas.

Parte de la frustración de los que sufrimos los peores ataques seductores del impulso trascendente, radica en la falsa creencia de que la diferenciación no tiene precio.

Como niños inmaduros ansiosos de satisfacción inmediata, olvidamos que alejarnos de lo convencional está reservado sólo para unos pocos. Sin la esencia sexy de ser anormal, nuestras ansias de vivir morirían de pesar.

Evolucionar es el arte de modelar por la pasarela de nuestras pasiones , exhibir, aunque sea sólo a Dios, nuestra capacidad de ponerle un sello único a la ventana de vida que nos dio.

Desnudar nuestros encantos en frente de la multitud, es una dote reservada sólo para aquellos que aceptan quitarse las ropas desgastadas de un paradigma que no está al nivel las virtudes que hemos ganado.

Si todos los espectadores subieran al podio, la pasarela perdería atractivo. Por eso siempre habrá más espectadores que modelos, por eso hay más lectores de Sharma que ejecutores de su visión, por eso hay más Egos que iluminados, más soñadores que visionarios, más competidores que medallistas. Por eso te cuesta tanto a ti y a mí mi querida Svetlana.

Dichosamente la vida nos da esperanza y talvez desenterrar estas verdades punzantes sobre nuestra falible naturaleza aturda tanto nuestro ego acomodadizo y perezoso y sólo así rompamos los récords que otros dejaron.

Abrí mi block de notas, y sólo escribí una meta:

• Todos los días te seguiré escribiendo estas duras verdades hasta que mi corazón no lo soporte más y mis ojos empiecen a brillar de pasión seductora por siempre.

Nadie

lunes 17 de agosto de 2009

Soy Normal

La semana pasada regresé de Dresden. El clima estaba frío a pesar del verano.

Durante el vuelo largo venía leyendo "El Monje que Vendió su Ferrari" Un gran libro que me llenó de motivación para hacer las cosas que realmente dejen la huella en mí y en los demás.

Aprovechando esa motivación, escribí en mis notas los siguientes objetivos:
  • Meditar 40 minutos diarios
  • Empezar a escribir un libro sobre mis memorias en Tailandia
  • Retomar mis clases de Karate y ser Cinta Negra en 24 meses
  • Bajar 3 libras
  • Llamar a mi abuelo todos los días.

Ayer tomé un avión a Montreal. Me sentía cansada pues pasé escribiendo un reporte hasta medianoche. Cuando iba sacar mi laptop para darle una última revisada, El libro de Sharma se asomó tímidamente.

La culpa me inundó. Pero luego la culpa se convirtió en pesar cuando no podía recordar bien lo que había hecho la semana pasada. Tenía que mirar mi Agenda para poder recordar en qué había gastado mis neuronas. Mi vida estaba llena de acción, tareas, responsabilidades, preocupaciones, proyectos, extrañamente sólo recordaba un almuerzo que tuve con una amiga donde carcajeamos recordando peripecias de una juventud que ya parecía lejana.

Ese recuerdo me conectó con los mejores momentos de mi vida. Cuando gané el trofeo en el torneo de matemática, cuando le rompí la nariz a la zorra que me robó mi novio, cuando mi sobrino me dijo "te quiero", cuando me ascendieron, cuando vi el sol de medianoche, cuando alguien me miró con cara de deseo por vez primera en 20 años.

Infantiles o no, esos momentos los recuerdo con demasiada energía. Pero lo que había hecho la semana pasada escapaba a mi memoria. El libro de Sharma olvidado me recordó que mis anhelos de ser anormal se los chupó la rutina.

¿Porqué Sharma no habló de eso? Estamos condenados a ser normales? Nací yo para ser normal?

He leído tanta auto-ayuda. Ya sé que es responsabilidad mía, pero esa mierda de que soy dueña de mi propio destino me la paso por el rabo. Una y otra vez estos autores malparidos me llenan de emoción y motivación sólo para luego esfumarse en las esquinas más abandonadas de mi biblioteca, ¿Porqué nadie me dijo que en mi ADN está tatuada la resistencia al cambio? ¿porqué no dicen que la mayoría se queda en el examen de la trascendencia? Que me digan porqué esconden con sus porras salameras que la corona de la evolución viene con espinas.

Me cago en los Sharmas, en los Coveys, Dyers y Tracys. Me pintaron un paraíso sin serpientes y ya me he comido todas las putas manzanas del huerto!

Un mérito les doy a estos gurús modernos. Si no fuera por Uds. no me habría dado cuenta de lo normal que soy. En mi fracasada tentativa de seguir sus manualitos de ser el mejor o de ser altamente efectiva he descubierto una nueva visión realista de mi progreso personal.

Antes de que el aterrizaje iniciara escribí en el dorso de la última página donde había escrito mis metas anteriores:

  • Recordarme todos los días lo normal que soy
  • Aburrirme tanto de mi rutina hasta que no pueda ni verla en pintura

Soy normal, pero no me rendiré tan fácilmente.

Svetlana

sábado 15 de agosto de 2009

Opio

"La seguridad es el opio de los normales."

Fustiga

"Fustiga a tu ego todos los días diciéndole lo normal que eres."